m
Loader image
Loader image
Back to Top

Banglash

Banglash es una de las presencias más singulares del grupo protagonista. No es un héroe elocuente, ni un guerrero refinado, ni alguien capaz de explicar lo que siente con grandes discursos. Es un ogro: enorme, brutal en apariencia, difícil de entender y, precisamente por eso, profundamente distinto al resto.

Su inclusión en la historia llegó después de su diseño. Al principio, Banglash no era mucho más que un ogro o un troll genérico, una criatura grande y salvaje sin una función demasiado definida. Pero con el tiempo empezó a cobrar sentido como parte del grupo. Me interesaba introducir una presencia todavía más grande y físicamente imponente que Gángar, alguien que rompiera el equilibrio entre humanos, demonios, magos y dragones.

Dentro del grupo, Banglash funciona como una fuerza primaria. No se mueve por grandes discursos ni por ambiciones políticas. Su mundo es más físico, más instintivo y más antiguo. Entiende el peligro, la lealtad, el miedo y el afecto de una forma elemental, pero no por ello menos poderosa.

Probablemente sea uno de los personajes más difíciles de escribir, porque no sabe hablar. En una historia con tantos personajes, diálogos y conflictos, Banglash obliga a cambiar el lenguaje narrativo. Sus gestos, sus reacciones, sus silencios y su forma de actuar tienen que decir aquello que él no puede expresar con palabras.

Eso lo convierte en un personaje muy especial. Banglash no necesita grandes frases para tener presencia. Su manera de estar en escena ya dice mucho de él: puede imponer miedo por su tamaño y su fuerza, pero también transmite una vulnerabilidad extraña, casi infantil, como alguien que no termina de comprender del todo el mundo en el que se mueve.

Junto al tengu formaba una pareja muy peculiar, con algo de esa dinámica de aventurero astuto y compañero enorme e intimidante, a lo Han Solo y Chewbacca. Sin embargo, aunque al principio podían parecer una pareja inseparable dentro del grupo, sus caminos acabarían tomando direcciones distintas.

Banglash no es solo “el ogro del grupo”. Representa lo salvaje, lo ancestral y lo incomunicable. Es una criatura hecha para parecer una amenaza, pero también un ser desplazado, condicionado por un pasado que todavía pesa sobre él. Bajo su fuerza hay una identidad rota, una pertenencia perdida y una conexión con sus orígenes que la saga irá recuperando poco a poco.

Diseño

El diseño de Banglash fue de los primeros que hice. En su origen era bastante más genérico: un ogro o un troll grande, bruto, armado y acorazado. Tenía presencia, pero todavía no tenía alma propia.

Con el tiempo, cuando decidí incorporarlo como uno de los protagonistas del grupo, empezó a encontrar una identidad más clara. Ya no podía ser solo una criatura grande. Tenía que tener una cultura, un pasado y una forma de entender el mundo.

Si los tengus representan el sol naciente, los ogros están más cerca de los pueblos indígenas de las grandes praderas: la naturaleza, la comunión con los animales, los montes, los ríos y la tierra. Una forma de vida más antigua, más espiritual y más ligada a lo esencial.

El pasado de Banglash, todavía por revelar, lo ha obligado a adoptar un estilo más medieval. Su gran puño de hierro es precisamente lo contrario a su pueblo: industrial, mecánico, casi ajeno a esa conexión primitiva con la naturaleza. Esa contradicción visual me gusta mucho, porque resume parte del conflicto del personaje. Banglash lleva encima algo que no termina de pertenecerle.

Quería que su diseño transmitiera algo grande y bestial. Puede recordar a ciertos orcos de fantasía moderna, pero su verdadera inspiración visual viene de los ogros de mi infancia, especialmente los de Las aventuras de los osos Gummi: criaturas corpulentas, de narices pequeñas, mandíbulas enormes y una presencia entre torpe, brutal y entrañable.

Banglash es una apisonadora imparable, una fuerza de la naturaleza encerrada en un mundo que no termina de comprender. Pero también es mucho más que músculo. Es un personaje que debe aprender a encontrar su lugar y, quizá, a recordar quién era antes de que otros decidieran por él.