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Perfelus

Perfelus es el personaje que aporta curiosidad, energía y una mirada más luminosa dentro de Los Doce Cetros. Frente a figuras más oscuras, heridas o marcadas por la guerra, él representa al aprendiz que todavía conserva entusiasmo, ingenuidad y ganas de descubrir el mundo.

No es el mago anciano que todo lo sabe ni el hechicero atormentado por secretos oscuros. Perfelus está todavía en formación. Eso lo convierte en alguien útil, pero también imprevisible. Tiene conocimientos, talento y herramientas poderosas, pero no siempre la experiencia necesaria para manejarlas con seguridad.

Su función dentro del grupo es doble. Por un lado, aporta magia, saber y una conexión con fuerzas antiguas que los demás no poseen. Por otro, introduce un contraste emocional: es inquieto, optimista y más cercano a la aventura que al dramatismo solemne. Allí donde otros personajes cargan con culpa, odio o heridas profundas, Perfelus conserva una chispa de vida.

También es importante por el Báculo de Aspharoth, que lo vincula con el origen de las grandes guerras y con una oscuridad mucho mayor de lo que su carácter podría sugerir. Esa contradicción lo hace interesante: un joven mago vivaz portando un objeto ligado a algo terrible.

En el fondo, Perfelus representa el aprendizaje. Es el personaje que todavía está construyéndose, que debe crecer en medio de una historia demasiado grande para él. Su papel es recordar que la magia no solo pertenece a los sabios inaccesibles, sino también a quienes se equivocan, improvisan, se asustan y aun así siguen adelante.

Diseño

El mago no supuso un gran quebradero de cabeza en cuanto a diseño. Partía de un arquetipo muy reconocible: túnica y capucha. Su influencia más evidente era Raistlin Majere, de Crónicas de la Dragonlance. De hecho, reutilicé un dibujo que había hecho pocos años antes, durante BUP, para una partida de rol; aquel dibujo estaba basado, a su vez, en una ilustración de Raistlin realizada por Larry Elmore.

Pero Perfelus tenía dos características propias que quería definir desde el principio.

La primera era su complexión. No quería un mago anciano como Gandalf, ni alguien enfermizo y turbio como Raistlin. Quería un aprendiz joven y optimista. Lo imaginaba casi como un joven Jackie Chan convertido en mago: inquieto, vivaracho, ágil y con una energía más cercana a la aventura que al misterio solemne. Darle un origen inuit fue el detalle definitivo para completar su identidad.

La segunda característica era un elemento que quería incluir desde hacía mucho tiempo: un homenaje al bastón de Skeletor. Desde los seis años conservo el juguete del Bastón de la Destrucción, lanzado cuando reformularon la línea de Las Nuevas Aventuras de He-Man, y siempre me había acompañado visualmente. Me inspiré en él, aunque no quería que fuera un carnero ni una calavera convencional.

En su lugar, decidí que el báculo tendría tallado el rostro del terrible demonio que había dado origen a todas las guerras. Así nació el Báculo de Aspharoth.

La IA captó enseguida el diseño general de Perfelus. Lo que cuesta un poco más es mantener estable el diseño del báculo, especialmente sus detalles y proporciones.

Pero este tipo de cosas también me gustan. Cuando empecé a crear esta historia, hace ya más de veinte años, tenía una idea muy rígida de cómo debía verse cada personaje y de cómo conseguir que el lector imaginara las cosas exactamente igual que yo.

Ahora, en cambio, he descubierto la belleza de dejar que cada lector construya su propia imagen. Puede acercarse a mi diseño, o puede quedarse con la versión que su mente configure a partir de la descripción.

Y eso es algo que también ocurre al usar IA, especialmente al principio: aparecen muchas variaciones de una misma idea. Si uno es flexible, todas pueden ser posibles.