DESCUBRE ENTHERRA
No sé hacer cosas pequeñas; siempre me lío y termino abarcando demasiado. Podría haber comenzado con una pequeña historia breve, una aventurilla en una ciudad o en un pequeño territorio, pero no: me enfrasqué en crear un mundo entero.
El mapa de Entherra fue de lo primero que dibujé, junto con el villano, el protagonista y un par de personajes más.
Compré unas pocas hojas DIN A3 y, tomando como modelo un mapa de la Tierra Media para ver cómo debía verse un mapa de fantasía, me puse manos a la obra.
En sus inicios, Entherra tenía otro nombre: se llamaba Hannón. Nunca me convenció del todo, pero se mantuvo durante mucho tiempo, hasta que di con algo que me resultara natural y que me hiciera sentir cómodo. Y con aquel aspecto rudimentario fui desarrollando la historia.
Tenía todo lo que necesitaba: bosques, montañas, desiertos, glaciares… Solo tenía que poblarlo de criaturas sensacionales.
No quería limitarme a inspirarme en los mitos griegos o en los dioses egipcios. Lo quería todo. No podía elegir. Así nacieron las culturas de Entherra: un mundo donde todo tuviera cabida. Podía pasar de la clásica sociedad feudal a atravesar un desierto y encontrar hombres lagarto viviendo como los antiguos egipcios; o surcar un océano y visitar a vikingos brontofélidos. Más allá de un bosque de bambú, tenía toda una ciudad japonesa con tengus vestidos como samuráis.
No soy historiador; mi disciplina es otra. No pretendo hacer una reconstrucción académica de esas culturas ni competir con quienes llevan años estudiándolas en profundidad. Mi intención era más sencilla, pero también más honesta: plantar semillas. Usar ecos de mitologías, pueblos y tradiciones para abrir puertas.
Me gustaba la idea de que un lector joven descubriera en Entherra algo que le resultara fascinante: un dios antiguo, una estética, una criatura, una forma distinta de entender el mundo. Y que, al terminar la historia, sintiera curiosidad por buscar más allá de la novela.
Pero, aunque esa era la idea, no podía abarcar tanto en una primera historia. El Sello del Dragón juega a prometer esas culturas, pero todavía no las desarrolla. Antes tenía que presentar a los personajes, centrarme en los demonios, en sus clanes y en Vhaganor.
Algunas ideas ya están presentes: los tengus como samuráis, Banglash y los ogros como eco de las culturas de las praderas norteamericanas… pero aún faltaba mucho por ver.
Será más adelante, si los lectores quieren seguir viajando, cuando podamos desarrollar esas culturas y descubrir todo lo que Entherra todavía guarda en el mapa.
Tenía que centrarme en Vhaganor. Era imprescindible para que la historia funcionara.
Mordor me había fascinado en su momento. Era el germen de muchos lugares del mal en las aventuras de mi infancia: la Montaña de la Serpiente de Skeletor, las Montañas Prohibidas de Maléfica…
Al principio, Vhaganor era eso: la tierra de los demonios. La tierra del enemigo. Un lugar donde siempre sería de noche. Una tierra de villanos. Pero, cuando tuve que dar trasfondo a Gángar, a Lénarin y a otros personajes que querían huir de una guerra, me di cuenta de que Vhaganor no podía reducirse solo a eso. La noche no tenía por qué limitarse a ser lo opuesto a la luz; también podía complementarla.
Vhaganor era una tierra de noche eterna, sí. Pero también podía ser hermosa. No tenía por qué ser solo volcanes, ceniza y desiertos yermos. Podía tener paisajes de colores vivos, iluminados bajo la luz de sus lunas.
Era una tierra corrompida por poderes divinos, una tierra que se había vuelto agresiva y peligrosa, pero seguía siendo un lugar fascinante. En ella podían encontrarse no solo criaturas terribles, sino también una civilización que añoraba tiempos más pacíficos.
Descubrir la web Inkarnate fue decisivo para dar al mapa una consistencia más profesional, definir mejor sus regiones y hacerlo visualmente más atractivo. Sus herramientas permiten hacer auténticas maravillas. Y no lo digo por el mapa de Entherra, que sigue siendo bastante modesto, sino por las virguerías que pueden verse en los trabajos de otros autores.
El mapa de Entherra aún tiene muchos lugares que revelar, pero sería estropear la sorpresa…




