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Tasuke y Koyiro

No puedo hablar de los tengus por separado, porque su origen es común.

Casi todas las historias de fantasía tienen elfos, y estos suelen ocupar un lugar importante. En Los Doce Cetros también hay elfos, y tienen su peso en la historia, sobre todo a medida que avanza la saga. Pero no quería empezar con el típico grupo formado por humanos, enanos y elfos. Necesitaba otros personajes, otras razas, otra forma de construir el mundo.

Los tengus eran perfectos para eso: seres antropomorfos con características de ave. Había visto en enciclopedias y bestiarios diseños de tengus con aspecto casi humano y largas narices de Cyrano, y otros con forma de cuervos humanoides. Así que pensé: ¿por qué no usar ambos y convertirlos en dos ramas de una misma especie?

En un principio, al ocupar el espacio que en otras historias suelen tener los elfos, iban a representar la naturaleza. Los imaginaba vestidos con ropas y armaduras decoradas con hojas, ramas y motivos vegetales.

Pero entonces un amigo me dejó la serie Ninja Scroll y lo vi claro. Si los tengus procedían de la mitología japonesa, esa raíz debía permanecer. En Entherra estaba construyendo un mundo donde cada civilización tendría rasgos inspirados en distintas culturas de nuestra historia universal, y aquello encajaba a la perfección: samuráis, ninjas y una cultura sabia, mística y milenaria por descubrir.

Tasuke era la espada, el guerrero del camino del samurái. Convertirlo en un espadachín ciego, con cierto aire a Daredevil, fue una vuelta de tuerca que lo hizo mucho más especial. No era solo un combatiente hábil, sino alguien que había aprendido a percibir el mundo de otra manera.

El maestro Koyiro, en cambio, era su contrapunto: sabio, paciente y aparentemente tranquilo. Una mezcla entre Yoda y Dohko de Libra. Era el sensei, el viajero, el guía; pero también un sabio cansado, desengañado de los convencionalismos y de esas normas morales hipócritas que atan al ser humano y no lo dejan avanzar.

Tasuke y Koyiro nacieron así como dos formas distintas de entender una misma cultura: el guerrero que actúa y el maestro que observa; la espada y la palabra; la juventud marcada por la disciplina y la vejez marcada por la experiencia.

Y aún habría otra rama de los tengus por descubrir… pero eso está por llegar.